viernes, 21 de marzo de 2014

Extractos




Somos un recorte, un resultado de algo mayor que nosotros mismos. 





El mundo es... depende lo que queramos ver.









"Extractos", fotografías tomadas durante enero  de 2014...


martes, 18 de marzo de 2014

3. Qúa


¡Gente! Les dejo un nuevo capítulo de "El corazón de la Sombra"



Llegamos al tercero... "Qúa", el nombre de un nuevo personaje que Pascua y sus amigos encontrarán en la búsqueda de los Zapatos Mágicos... 

Debido a conflictos con internet, pendrives y cuelgues personales, les dejo sólo la Historieta, la novela tendrá que esperar hasta la próxima.

¡Bueno, espero que les guste!

En el capítulo anterior...


-¿Dijiste que buscaban… mi Sombra?
-Si la obtiene, conseguirá más aliados. (...) Roba el brillo de las Sombras.
-Las sombras no tienen brillo…
-La tienen, pero no la podemos ver. Es lo que los humanos conocen como corazón. Son el espíritu, la vida representada en una silueta idéntica a la nuestra. Al perderla, la gente también pierde parte de su esencia. 
(...)
El Ranseius desvió su mirada, buscando algo tras la Elegida. Supe que me observaban como realmente era.
-No tengas miedo. Animáte a salir.
Por primera vez, alguien me hablaba.
(...)
Pascualina rozó con sus dedos mi cara, mi pelo, mis hombros… Le parecía mágico ver su propia silueta frente a ella, tan pura, tan inocente,  tan tímida.
(...)
De pronto, la figura azulada de Latia se recortó sobre el dorado pastizal y enfiló hacia la silenciosa aldea, recordándonos por qué habíamos viajado hasta allí.


Historieta:














Continuará en la próxima entrega virtual... 

miércoles, 19 de febrero de 2014

2. El corazón de la Sombra


Volví, y esta vez, con Pascualina y su Sombra de la mano, que nos traen el segundo capítulo de 

"El corazón de la Sombra"... 

Un capítulo revelador, ya que descubriremos el significado del nombre que lleva esta historia. 

Una vez más, gracias a todos los que siguen pasando por este mundo virtual, y se adentran en las aventuras de esta curiosa niña y sus amigos. 



Previamente...



-Pero ¿soy la Elegida para qué?- atinó a preguntar.
Un incómodo silencio inundó el oscuro bosque.
El Ranseius continuó:
-Oscuro es humano. Y sólo puede ser vencido por alguien de su misma condición.
(...)
-Acepto. Voy a detener a ese brujo. (...)-¿Por dónde comenzamos?
-Conseguiremos los Zapatos antes que él.
-Pero… ¿Sabés dónde están?
-Están… perdidos, como ya te conté.
Pascualina suspiró. Su tarea iba a ser más complicada de lo que imaginaba. 

Aquí, su continuación...

Novela:

2. El corazón de la Sombra


El sendero recorría frondosas arboledas, esquivaba laberintos de arbustos, nos invitaba a solitarias praderas donde lo único que se oía era el canto del viento. Ascendía sin previo aviso entre rocas o terrenos elevados, y nos veíamos obligados a seguirlo.
-Te repito, Elegida, que el pueblo donde se crearon los Zapatos está abandonado.- El Ranseius dio rápidos saltitos hasta detenerse frente a nosotros, su diminuto ceño fruncido.- ¿De qué nos servirá ir hasta allá?
Pascualina lo esquivó. A pesar de no poder demostrarlo, mis ánimos también me alentaban a seguir.
-Puede que encontremos al zapatero…- se esperanzó.
-Francamente, no creo que así sea, señorita Pascualina.
-No soy Pascualina.- gruñó la niña.- Soy Lina. ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?
Resignada, la rana se apuró a alcanzarla.
De pronto, el zigzagueante camino se difuminó, dando lugar a un campo de amarillentos pastizales. El soplido del viento parecía arremolinarse allí, azotándolos con violencia. A unos metros de distancia, la aldea se alzaba con los techos de sus humildes casas.
Permanecimos inmóviles, sorprendidos.
-¿Qué ocurre?- inquirió la Elegida, sin dejar de mirar el cielo. Gigantescas y grisáceas nubes apresaban la belleza del sol, que se perdía en la oscuridad. El paisaje perdía su luz.
-¡Los siervos de Oscuro!- chilló el Ranseius. Su diminuto cuerpecito tembló como una hoja.- ¡Escondámonos!
Y echó a andar, seguido por Latia, que luchaba contra la agresiva corriente de aire. Tras un ademán, indicó que lo siguiésemos.
-¡¿Qué quieren?! ¡¿Oscuro ya sabe de mí?!
-¡Quiere tu Sombra!- se oyó entre la ráfaga de viento.
-¡¿QUÉ?!- Pascualina se dio la vuelta para verme; la negrura de los nubarrones me camuflaba, por lo cual no me encontró. Al descubrir que la rana y Latia se hallaban lejos de ella, se apuró a seguirlos.
Experimenté una indescriptible alegría al sentir los ojos de mi dueña posados en los míos.
Un manchón negro cayó del cielo, dividiéndose en gruesas y escalofriantes flechas que surcaron el campo a gran velocidad, dejando un suspiro de niebla tras su paso.
Tanto los vívidos colores de Latia como el escamoso cuerpo saltarín del Ranseriano habían desaparecido, por lo que la niña dedujo que se arrastraban por el suelo, ocultos tras los pastizales. Pascualina era muy inteligente a juzgar por su edad; con la lectura no sólo se transportaba a otros universos, sino que también adquiría conocimiento, astucia. Enseguida supo que aquellas sombras que nos atacaban eran ciegas; a eso se debía su rápido y minucioso andar en círculos, abarcando cada rincón del lugar. Se dejó caer al suelo, escondiéndose. Intentó recuperar la calma, al tiempo que oía el zumbido de flechas cortando la ventisca.
Poco a poco, el viento fue desapareciendo, las nubes se borronearon y el sol volvió a colorear al paisaje. Los negros manchones sobrevolaron el aire iluminado hasta perderse de vista, llevándose consigo todo lo malo que habían traído. 
Aguardamos que la calma reinase definitivamente para apearnos.
El Ranseius se nos acercó y trepó sobre Pascua.
-¡Suerte que no te descubrieron!
Pascua no podía quitarse de la cabeza su advertencia.
-¿Dijiste que buscaban… mi Sombra?
La criatura asintió.
-Si la obtiene, conseguirá más aliados. Lo que acabas de ver son Sombras que quitó a las personas. Mejor dicho, roba el brillo de las Sombras.
-Las sombras no tienen brillo…- Pascualina arqueó una ceja, confundida.
-La tienen, pero no la podemos ver. Es lo que los humanos conocen como corazón. Son el espíritu, la vida representada en una silueta idéntica a la nuestra. Al perderla, la gente también pierde parte de su esencia. Tras ser robadas, las Sombras se convierten en lo que acabas de ver: algunos las llaman Sombras Negras, otros, Negruras; lo cierto es que no son más que títeres del enemigo. 
Oía con la misma atención que lo hacía Lina, sin dar crédito a todo aquello. El asombro afloraba en mi interior, acompasado por un latido extraño, que nunca antes había sentido. ¿Sería eso el brillo? ¿Mi brillo?
El Ranseius desvió su mirada, buscando algo tras la Elegida. Supe que me observaban como realmente era.
-No tengas miedo. Animáte a salir.
Por primera vez, alguien me hablaba.
Las frágiles alitas de Latia me rozaron el hombro, produciéndome un indescriptible cosquilleo. Solté una risita. Era el primer sonido que hacía después de tanto tiempo.
Ya no me sentía como un fantasma.
Sin embargo, pronto me detuve; Pascualina se asustó, pero la sonrisa del Ranseius la serenó.
-Debe ser raro interactuar con tu propia Sombra. Es el reflejo de vos misma.
-Ho… Hola.- dije, sin saber muy bien cómo actuar. Me resultaba extraño hablar, y más aún escuchar mi propia voz.
-Sorprendente…- Pascualina rozó con sus dedos mi cara, mi pelo, mis hombros…- ¡Sos igual a mí!- admitió, sonriendo. Le parecía mágico ver su propia silueta frente a ella, tan pura, tan inocente,  tan tímida.
-Y vos sos igual a mí.- respondí entre titubeos. Acostumbrado a escuchar las voces y el lenguaje humano, sabía cómo responder, aunque me costaba un poco hacerlo.
-No son iguales.-  rió el Ranseius.- Son uno solo.
De pronto, la figura azulada de Latia se recortó sobre el dorado pastizal y enfiló hacia la silenciosa aldea, recordándonos por qué habíamos viajado hasta allí.
Sin saber muy bien el motivo, sonreímos al mismo tiempo.


Historieta: 













¡Hasta el próximo capítulo!

Volvamos a la infancia


Volvamos a la infancia, seamos amigos de nosotros mismos. 




Nademos en la memoria, como Joel en busca de Clementine, en 

"Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos"...